El duelo es el proceso que se encadena cuando tenemos una perdida importante y sirve para adaptarnos a vivir sin eso que hemos perdido. Normalmente el duelo se relaciona con la muerte, pero en la vida hay otras perdidas significativas que tenemos que asimilar para continuar viviendo sanamente, como una ruptura de pareja, una discapacidad, un despido laboral, las aspiraciones propias o sobre nuestros hijos...
Estas perdidas son más dificiles de identificar porque no es como cuando alguien se muere, sino que es más sutil, pero no por eso más facil de reorganizar. Cuando más presente esté en la vida diaria lo que se pierde más dificil será elaborarlo y seguir sanamente.
Para elaborar el duelo la clave es estar abierto a experimentar las sensaciones que surgen de manera natural. Es propio del proceso las emociones de tristeza, rabia, impotencia, miedo, cercanía, soledad... son emociones que muchas veces asustan y nos hacen sentirnos vulnerables (todos lo somos). Ante esto es frecuenbte la respuesta de racional, asumir racionalmente que ya se ha asumido, pero hacerlo con gran dolor y con estas emociones ocultas, este afrontamiento va a hacer que esa rabia o impotencia se atasquen y se cronifiquen, mientras que si sentimos y vivimos abiertamente esas sensaciones, las comunicamos o expresamos de alguna manera, van a pasar e ir dejando en paz a la persona, para que continue su vida.
Otro motivo por el que se atasca el duelo es por quedarse en una emoción (tristeza por ejemplo) y no ser capaz de contiuar la vida por eso. Esto puede derivarse de la dificultad para vivir otra emoción oculta o de afrontar decisiones vitales nuevas.
Si el duelo se cronifica puede determinar la vida de la persona y continuar el resto de su vida lamentandose por loque no tiene y sin capacidad de disfrutar de lo que le queda, un mundo lleno de luz, de personas y de posibilidades de difrutar y festejar que estamos vivos.